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Bitácora De Yeye, Recargada

Bitácora De Yeye , Recargada

De mi primer clase quedé con una carga extra de emoción, que funcionó como motor de búsqueda de obras para ser usadas como ejercicios. Nada mejor -en estos tiempos que corren- de recurrir a Google y con el solo tipeo del nombre de un artista, una cascada de imágenes se atropellan para describir el legado que dejó o que está construyendo.

Era imposible elegir algo, todo me gustaba. Me decidí por algunas obras de Manet, Monet y Turner. De esa tríada salieron un par de ejercicios impulsivos pero no menos intensos que mi primer carbonilla.

Tal era mi entusiasmo que las hojas de una agenda del extraño mundo de Jack que uso como anotador en mi trabajo fueron el soporte para darle rienda suelta a lo que me había quedado de la noche anterior.

Dibujo que hacía le sacaba una foto con el celular y se la mandaba algunos amigos para ver su reacción con la secreta esperanza de que les gustara y tomar sus comentarios como aliento para seguir produciendo.

Aclaro que no solo me interesaba la opinión de ellos, porque por lo general los amigos suelen ser bastante generosos a la hora de evaluar alguna actividad de otro amigo, quería que alguien que no tuviera un compromiso afectivo conmigo me diera la suya.

Así que le pedí al Diabólico, mi compañero de oficina a quien no le tiembla la voz cuando emite alguno de sus comentarios brutales, que me dedicara uno. Sorprendido, fue la respuesta que obtuve cuando le mostré lo que había dibujado. Le pedí que fuera más específico, ya que las sorpresas pueden tener distintos valores y yo quería saber a cuál se refería él. Al valor de aventurarse hacer algo que no está en nuestro libreto y hacerlo aceptablemente bien. Esa respuesta me dio más empuje.

Ahí estaba yo con cuatro lápices negros, una goma, el monitor y el mundo de las sombras asomando en la agenda. ¿Cómo era posible? ¿Qué resorte impulsó este fenómeno? ¿Dónde se ocultaba toda esta pasión por pintar? ¿Qué justificación fue la carcelera de este deseo? Sirve que me pregunte todo esto? Creo que no. Lo hago solo como un ejercicio reflejo a modo de respuesta a los dibujos que se fueron manifestando durante mi segundo día con pretensión de artista.

Yo que no me creía capaz de dibujar un perro, estaba garabateando obras de Malevich, Chagall, Manet…

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One Comment

  1. Realmente estoy tan sorprendido como “El Diabólico”, La historia y la forma en que esta escrita, te llevan a vivirla y pedir mas capítulos de este camino que ha empezado nuestra “Pictoescritora”. La  pasión por pintar la pone y la transmite también en el texto, lo cual habla de poseer un alma artística completa.

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