Historia del Arte

La Herencia De Un Tirano por Raffaele Sardella

LONDRES.- Una copia original, antigua, desteñida e ilegible de la Carta Magna exhibida en la Biblioteca Británica parece resumir el periplo que este documento referencial ha seguido durante sus ocho siglos de vida. Y es que, tal como se lee en uno de los paneles principales de la exposición que conmemora el 800 aniversario del documento, “a través de los siglos, la Carta Magna ha sido usada y abusada, reverenciada y revocada”.

De ese manuscrito colocado en una vitrina a la que le da poca luz debido a los protocolos de conservación apenas se alcanza a leer unas cuantas palabras en latín, idioma en el que originalmente fue escrito. Una reproducción digital, tomada con rayos láser y herramientas de última generación intenta hacer visible el texto, pero aun así resulta ilegible al ojo humano. Lo único que se observa son las huellas de su antigüedad. Afortunadamente, ésta no es la única copia original que sobrevive de ese documento sellado por Juan I de Inglaterra (también conocido como Juan sin Tierra, o King John en inglés), el 15 de junio de 1215 en Runnymede, Inglaterra. Otra copia en poder de la Biblioteca Británica y dos más resguardadas por las catedrales de Lincoln y Salisbury han permitido a los historiadores contemporáneos conocer de cerca este texto que desde su creación ha inspirando a defensores de la ley, activistas y políticos de todo el mundo.

Hoy en día solo tres de sus 63 cláusulas originales siguen siendo válidas, sin embargo, la Carta Magna se ha convertido en un símbolo mundial de la libertad, ya que fue el primer documento que esbozó el principio de que nadie estaba por encima de la ley, incluyendo el propio rey. La historia de su creación, evolución y diversas interpretaciones a lo largo de los siglos es contada en la muestra Magna Carta. Law, Liberty, Legancy, que incluye más de 200 objetos icónicos, entre ellos dos de los cuatro manuscritos sobrevivientes de 1215, documentos y obras de arte medievales, armas y prendas con más de 800 años de antigüedad.

Descrita como la exposición más grande hasta ahora dedicada a la Carta Magna en el mundo, los objetos y documentos que la conforman revelan, según Claire Breay –una de sus curadoras–, la forma en que este documento ha sido reutilizado en todo el mundo y cómo ha evolucionado hasta convertirse en un símbolo internacional de la libertad y del Estado de Derecho. “La Carta Magna no fue concebida como un documento democrático, sino como una solución práctica a una crisis política hace 800 años. La exposición invita a los visitantes a considerar lo que la Carta Magna ha significado en el tiempo, la forma en que adquirió su estatus de icono y significado, y por qué sigue siendo tan resonante 800 años después”, asegura Breay.

Un manuscrito medieval escrito por monjes de la abadía de Melrose, en Escocia, relata aquel momento en el que el rey Juan I, el hijo menor de Enrique II, se vio obligado a firmar la Carta Magna para intentar apaciguar el descontento civil y la rebelión de los barones ingleses. Aquella reunión tuvo lugar el 15 de junio de 1215 en Runnymede, un sitio ubicado en las orillas del Támesis, en el actual condado de Surrey, y donde actualmente existe un monumento que recuerda dicho acontecimiento. Allí, ante un grupo de barones provenientes de diversos territorios de Inglaterra, quienes exigían un alto a la tiranía del rey, a la excesiva demanda de impuestos y a la constante violación a sus libertades y propiedades, el monarca selló el manuscrito, más por obligación que por convicción.

Apenas un mes después, aquel acuerdo que hoy es aclamado como un fundamento de la democracia, resultó ser un fracaso. Contrario a lo que se pretendía, la Carta no trajo la paz, sino la guerra, comenta David Carpenter, profesor de historia medieval en el King’s College de Londres: “Juan I esperaba que la Carta Magna funcionara para persuadir a los rebeldes a deponer las armas y volver a casa… Pero nada de eso sucedió. Los rebeldes no dejaron las armas y trataron de hacer cumplir la Carta con todas sus letras y aún más allá”. En agosto de ese mismo año, a petición del rey, el Papa Inocencio III emitió una bula papal para anular el documento argumentando que había sido sellada bajo presión. El texto, firmado el 24 de agosto y que la declara como un documento “vergonzoso, nulo y sin efecto”, es otra de las joyas documentales que se exhiben en esta muestra.

En 1216 el rey Juan I murió en el Castillo de Newark, víctima de disentería –aunque algunas versiones indican que fue envenenado por un monje–. En aquel momento, aquel rey descrito por Carpenter como un “tirano, mujeriego, calculador e impredecible” nunca imaginó el alcance que llegaría a tener esa Carta, así como tampoco imaginó que un día, algunos fragmentos de sus huesos se exhibirían en una muestra que celebra la creación de aquel documentó que repugnó en vida. Un par de dientes y un hueso del pulgar, extraídos en 1797 de su tumba en la catedral de Worcester, cuando un historiador local emprendió un proyecto para verificar que sí se trataba del ataúd del rey, atraen ahora la mirada mórbida de quienes acuden a ver esta muestra conmemorativa.

En los siguientes años, la Carta Magna quedó en el olvido, sufrió algunos cambios, y sería hasta 1225 cuando se redactaría la versión final y definitiva del documento. “Son las cláusulas de la Carta de Enrique III de 1225, no la Carta de Juan I de 1215, las que hoy están en el libro de los estatutos del Reino Unido. Existen diferencias importantes entre la Carta de 1215 y la de 1225, pero su esencia, en la afirmación del estado de derecho, es el mismo. Sin la de 1215, no habría habido ninguna Carta de 1225”, señala Carpenter.

Originalmente escrita en latín, el documento comenzó a ser accesible para toda la sociedad inglesa cuando en el siglo XIII fue proclamada en inglés, el idioma de la gran mayoría de la población. Fue entonces cuando comenzó su recorrido por el mundo.

Una copia del manuscrito de la Declaración de la Independencia impulsada por Thomas Jefferson, prestada por la Biblioteca Pública de Nueva York, y una copia de la Declaración de los Derechos, cedida por el Archivo Nacional de Estados Unidos, son dos de los documentos más emblemáticos de la historia de EU que ilustran el alcance que la Carta Magna llegó a tener en las colonias inglesas, pero también en gran parte del mundo.

El emblemático discurso de la Cortina de Hierro pronunciado por Winston Churchill en 1946, un discurso de Mahatma Gandhi, así como una grabación de la declaración de Nelson Mandela 1964 pronunciada desde del banquillo en el juicio que lo condenaría a prisión, también tienen presencia en esta exposición con el fin de mostrar las ocasiones significativas en las que diversas figuras públicas han utilizado y hecho referencia a los principios fundamentales de la Carta Magna.

Para ofrecer una mirada sobre lo que la Carta Magna significa hoy en día, la exposición también ofrece videos de entrevistas realizadas a políticos, historiadores y algunas figuras públicas. Pero, no todo es solemnidad. La sátira también tiene su lugar. Caricaturas e ilustraciones del siglo XIX y algunas contemporáneas ilustran con humor las veces que la ley ha sido violada, suspendida y amordazada.

La más reciente e ilustrativa es un cartón, titulado “Magna Carta, Mini Carta”, dibujado por Peter Brookes y publicado en el periódico The Times en 2005, en el que el ex ministro británico Tony Blair presenta su Ley de Prevención del Terrorismo, la cual fue duramente criticada porque no otorgaba a los acusados de terrorismo el derecho de un juicio para defenderse.

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